|
Vé. Es
el comienzo del fin, sentarse, fumarse una ilusión, esperar
un estallido fugaz, y aceptar a medida que pasan las bocanadas
que el momento de alguna manera y en algún sentido llega.
Aflojar los músculos que exigen funcionar, olvidar las deudas,
el juego de respirar y la dulzura de lastimar. Perdonar a
los miedos, de a poco entender que son una buena compañía
y que es lo único en la vida, al igual que el fin, que permanece
fiel. Y de repente dejar salir todo de una vez en un suspiro
con olor a angustia, deseo, y humo virginal. Odiarlo una vez
más, a él, enemigo. El relajante silencio de un cuarto sin
cuerpos será el escenario, en el piso la remera roja desmayada
de batallas, susurrando un quejido. Las paredes borroneadas
de sueños, despedidas y entre todos los garabatos que se distinga
una frase: "En éste mundo hay solo dos tragedias; una es no
tener lo que uno quiere, la otra es tenerlo". Y de golpe se
escucha el viento que trae el sonido del tren desde tan lejos,
viola y distrae el ambiente de manera tan suave que al volver
a hacer foco en la habitación se logra encuadrar unos cuerpos
danzando, temblando en un ritual rodeando al hombre en el
cuarto de espera. Ve, asciende obrero. Ya sé pasó, quedó atrás,
ahora ve. Silencio, relájate, ya viene, fin.
(Ver
más "Irrupciones)
|